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Orihuela, Alicante, Spain

23.6.17

Soledad mía





Joaquín Marín



...fuiste viejo lobo de mar, un Ulises casi perpetuo abriéndote paso por entre remotas aguas, y, cuando pusiste fin a tu travesía y regresaste a tu playa primigenia, tu Penélope no estaba en la orilla... no era... ni tus ojos ni tus pies se acostumbraron ya nunca más a las tierras firmes, a los raíles, a los neumáticos... ya viviste siempre triste y sin rumbo, encogiéndote en los bares, en bodegas de tierra adentro, desorientándote entre botellas vacías y barriles reventones... empezaste a temer a la luna, te parecía un animal peligroso, con unas fauces dispuestas siempre para la dentellada, ay, esos dientes de la noche... y te redujiste a náufrago sin salvación, escupido por el mar a una playa que sólo era escalofrío... un despojo más para el olvido...


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La visita




...no había nadie en aquel paisaje cuando entré en él, excepto —tal vez— un orangután de piedra, no estoy seguro... me había invitado una nube anaranjada y gordita, y me acerqué... era ya casi otoño, y por el cielo vagaban lentos paquidermos, y algunas babas con alas densas; había sueños encallados en sus meditaciones y desdichas, y en las paredes marcas de navíos naufragados, y muchos vidrios rotos... tormentas, supongo... no sé, me sentí mal de pronto y escapé como un vagabundo intruso, que contempló lo que no debió contemplar... tengo que dejar de ser pirata... o, al menos, dejarme el ron...


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Un pedernal en las encías





...recuerdo un olor a piedra y a lluvia, y sobre todo que tú no estabas allí... era compacto el silencio, y me hablaba el crepúsculo sin palabras, sin boca que da besos, que sonríe, que aúlla y que, aun desdentada, tiene un pedernal en las encías y muerde la tiniebla... y brotan chispas... recuerdo que me habría gustado destapar versos y llenarte de metáforas; descorchar botellas y masticar tu espada en caída libre; registrarte, y encontrar en ti cosas... pero allí sólo olía a piedra y a lluvia... y el verso aquella vez no se hizo carne, ni miel, ni harina... ni habitó entre nosotros...



En defensa propia






...saliste a la calle en defensa propia: confiesas que te mata la soledad... era una mañana guapa, recién lavada, estirada, peinada; y fuiste recogiendo por las aceras pálidas plumas errantes, alas de insectos, ojos de la gente, azules sobre todo y con olor a estrella... leíste una cerveza y tomaste el periódico de un trago —las noticias lloran, pensaste— antes de mirarte en la luna de una tienda de antigüedades, a juego contigo, para ensayar una sonrisa casi imposible... y luego volviste a casa, también en defensa propia, antes de que el día comenzara a arrugarse y a volar como un papel muerto, arrastrado por esas calles en las que orinan los vagabundos y los perros errantes... cerca ya de tu portal, le dijiste hola a un maniquí morenito, de chillona camisa butanera, ojos azules y color de estrella.. de levante... te pones gracioso algunas veces, compare...

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Como esos perros sin collar







...por donde tú anduviste camino yo ahora, casi con tus mismos pies... y, como tú, apenas un escuálido viajero sin una gran prisa por llegar a ninguna parte, como esos perros sin collar que perdieron la oportunidad de ladrar alegrías y vagan silenciosos por veredas de fantasmas... pies que, como enredaderas, se abrazan a los balcones de mi infancia, y a los surcos de la tierra que tú llevabas pintados en la cara, tatuados en tus brazos de hierro, acurrucados en tus manos vacías...

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Agosto


...es agosto, y domingo; y no hay nadie vivo por las calles, por este desorden abrupto de esquinas y piedras... tu pequeño universo, el vientre del que naciste... da vueltas el metal al son de una campana, pobre sirena ignorada... siempre vuelves en agosto, y abres la casa, y la oreas, y miras los portarretratos, las fotos de los que ya se han ido... tú aún eres marinero en tierra, y paseas tus pies descalzos por el pavé, y miras al cielo con el corazón a veces fresco, a veces cansado... no hay nadie vivo por las calles, pero por ellas suben y bajan ante tus ojos recuerdos indecibles, y sabes que el bar La Plaça está abierto, y el Ramonet quema los rebentats como nadie... ¿qué mas quieres en un domingo de agosto?...


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O, como olvido





...tú creciste en estas calles tristes, pegando la nariz a los cristales de las confiterías y las tahonas, mirando las ferreterías, los mercados de la verdura, los puestos de pescado en la plaza... pero creciste demasiado, y aprisa, y empezaste a renegar de tus raíces, de tu cuna, de tu barrio, del pueblo entero... apartaste tu cara de los escaparates, y lo sentiste todo prematuramente viejo, prostituido, desangrado... polvorientas las aceras, los veranos sin hojas verdes, los otoños con chaquetas raídas y bolsillos vacíos, los inviernos nevados de cenizas... y la tristeza bailando en mitad de tu replaceta... y cerraste los ojos, y la historia... un viejo tren, aunque renqueante, tuvo la fuerza suficiente para alejarte de aquí, para dejarte, sin identidad, en una esquina de la gran ciudad...

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El último tren






...estoy aquí tan inmóvil, me siento como un enorme muro de metal, tan solo acariciada, removida, capturada y a la vez rescatada por la ola que crece en tus dedos y viene desde ellos a buscar mis temblores... yo no puedo acudir a ti con todos mis sentidos, como antes, como cuando me tocaste y fui mujer... yo no sé, cuando me despierto y te busco en las sombras, si empieza el mundo o si muere el tiempo... ven, acude, ámame hasta el dolor, bésame hasta morirme... y luego vete, sube al último tren...


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Agosto






...se va acercando agosto y volverás al pueblo un verano más, y empezarás a ver cómo las calles se irán engalanando desde primeros de mes; la vuestra también, y para el día del patrono estarán de dulce... pero este año, Rosica, este año... vuestra calle ya solamente es tu calle, ay... tendrás que cubrir tu soledad con lianas indomables para que tu pena venga y vaya por entre la selva del dolor y del vacío, disimulando por entre las estatuas rotas... resbalarán por tus ojos húmedos los pasacalles, los alumbrantes, el nuevo cura, los vaporosos vestidos de tus nietas, la Fini y la Lorena, tan bonicas, tan llenas de toda la vida por delante... cómo explicarles a estas criaturas que algún día, al doblar la esquina, te mirará fijamente, como piedra, un rayo inmóvil capaz de destruir el mar, de convertirlo en un fugaz castillo de espumas artificiales...



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Nudo







...deja que me ate a ti, dijo ella, y para siempre... tantas galernas del Norte me han ido dejando cada vez más Poniente, amigo... dijo... permíteme hacerme un nudo a tu vida de tierra firme, sin doble fondo... quiero que cese ya mi caminar errante... he conocido jóvenes veloces, dunas, selvas y muchas calles con guiños de neón; he comido sardinas y también caviar, y arena... he sobrevivido a la codicia, a los huracanes y a los cristales rotos... fui rica y luego me mantuvo el hambre, y un hombre que llamó a mi puerta con nudillos de roca y zapatos intrusos... deja que me ate a ti, dijo otra vez... he ido de rumbo en rumbo con fiebre, con prisas, nadando todos los mares rojos y muertos; me acosté sobre espinas y rodé sobre cantos de sirenas macho... no sé por qué te cuento estas cosas, por qué me quemo y te lanzo el humo de todas mis hogueras... deja que me ate a ti, poder reírme contigo del esqueleto del otoño... me dijo...



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Ximet









...veintiséis de julio, Ximet, y otro año más sin verte, van tantos... la última vez tú ya estabas cansado de esa ceniza que cae sobre los cañales en otoño, y que se acumula en nuestros hombros y un día acaba destiñendo los corazones, y otros músculos... cansado del agua dura, de la tierra firme misteriosa, de las anguilas y de la espadaña... yo quería cansarme contigo, pero aun no tenía tus años encima, pesados como esas moscas de agosto... aún no; pero hoy me canso de recuerdos, del olor virgen de aquellas flores desnudas, de la tierra abierta y fresca, de los arroces de la tía Encarna y el tinto fresco del Tomás, de descubrir auroras y poner nombre a las caricias... de todo lo que nos envejece, Ximet...





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A la vora...





...en la orilla dormitaba el viejo velero del tío Batiste, soñaba su mástil desnudo con latitudes pródigas, largas cadenas de peces plateados, fosforescentes... soñaba que la aurora un día besaría sus velas en altamar, empapándolas de labios, de aves y enjambres interminables... de alas sobre la espuma...


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Alas de libélula







...vivías allí porque te gustaba cómo se enredaban los meses entre los zarzales y entre los troncos de la arboleda; enero era de pronto septiembre, y poco después marzo con hechuras de agosto... nadie podía podar el tiempo, que había perdido sus albarcas por allí, y sólo la lluvia podía borrar nombres, sustituirlos y ordenarlos a su antojo: marzo, noviembre, abril... un año podría durar perfectamente un siglo y medio; o una semana, chi lo sa ... me decías que preferías las raíces a las flores, y el rumor del arroyo al tañido encorsetado de las campanas, y ese vértigo de dormirte y no saber cómo te llamarás al despertar, si Diego, si Alejandro, Benjamín, Elvira incluso... vivías allí, cierto, pero cuando yo fui a buscarte no te encontré; me topé con insólitas huellas: inútiles joyas del bosque, trozos de algodón de tormenta, alas de libélula, cáscaras de escarabajos y huesos de petirrojo todavía en actitud de vuelo... tú no estabas, y lunes era lunes, agosto era agosto, y otoño, por desgracia, era únicamente otoño sin ti...



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Neblina





...me hablabas de este sitio, de las horas crepusculares justas para admirarlo, cuando el lugar es más bello... cuando aurora o atardecer son rosas que desfallecen dulcemente, pálidas naves que se entrecruzan enredándose entre las nubes... pero me pregunto qué hago yo aquí hoy, qué vengo a hacer... tú no estás, es otoño y el color se ha envuelto en neblina y un humo lento devora cielo... y la alegría...



Madrugada





...la verdad es que te amo así, perfumada de salitre, espumas y azahares marinos... con esa sonrisa tuya anaranjada, y, lo confieso, me gusta rozar tu piel cuando estás dormida; convertir la sal de mis dedos en olas traviesas y acercarme a la playa de tu piel, "y desamordazarte, y regresarte"... me gustas tanto de madrugada...


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La palidez de la luna






...cuando la tarde rota ya se encoge, se arruga y, como papel muerto vagabundea por los callejones y por la plaza desdentada y polvorienta, donde orinan los perros bajo un anémico eucalipto... la mujer abre la puerta para que los últimos rayos de sol laven sus mejillas con agua de azahar y peinen de luz sus cabellos; para que le hablen mientras las raíces de las sombras empiezan ya a removerse en el subsuelo tísico, añorando la palidez de la luna...


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Pasaré a pensar en la miel del amor






...sentado en el muelle de la bahía bebo cerveza negra y mastico ausencias, por masticar algo... serenamente, mente serena... paso lista a quienes golpearon a mi puerta con falsos nudillos, traspasaron el vestíbulo y se llevaron algo mío... a quienes abrieron mis cajones, vaciaron mi despensa y mis botellas de vino, colmaron platos, destaparon mi diario y pasearon sin emoción alguna por entre mi caligrafía temblorosa, sin quemarse entre las brasas de mis horas incendiadas... bebo cerveza brindando porque hayan desaparecido al fin, porque se hayan desvanecido todos, son exilados de mi mente que jamás regresarán a mi casa, porque no es su patria... otro trago más, y pasaré a pensar en la miel del amor... mejor...


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Marina





...aquella mañana, lo recuerdo perfectamente, vi una niña garabateando misterios en la arena ... era una mañana toda vestidita de azul, con su camisita y su canesú, ya me entienden... la niña hablaba sola, mejor dicho, lo hacía con los trazos y arabescos que emergían de la arena como diminutos cangrejos juguetones... yo había apartado la vista del libro que estaba a punto de engullir del todo y contemplaba la escena atentamente, como si se tratara de una marina firmada por un pintor de fuste... me pregunté, a saber por qué, adónde irán los días cuando se transforman en noches y acaban desplomándose de los almanaques, de los dietarios, de los relojes de los campanarios, de este mundo redondo... de aquel día, por ejemplo, ¿qué fue?... andará ahora hacinado entre semanas, meses, años gastados, digo yo... al rato, una yaya fondona, con un pareo de juzgado de guardia, entró de pronto en escena y ordenó a la pequeña que dejara ya de hacer tanto pintarrajo y se lavara las manos en la orillica, que ya va siendo hora de comer, Noelia... luego se la llevó de la mano... justo entonces se me desplomó a mí el día...


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Algún día









...pero algún día conocerás el mar, te acercarás a su orilla y tus pies desnudos se vestirán de arena; cerrarás los ojos y tus párpados dejarán caer las hojas de tus antiguos sueños, y la brisa se acercará a tus labios y besará tu sonrisa y tu silencio...



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Signos extraños




...algunas tardes de otoño te acercas al mar con pies temerosos, como quebradizos, y te sientas sola en la orilla y miras al frente, al horizonte, sin cambiar de ola, de gaviota, de nube, de silencio... el mar te siente sirena y acude a ti, a veces mansamente, otras con embestidas de toro espoleado por las agujas de los erizos y la rabia... alguna vez te he visto trazar signos extraños en la arena, luego cierras los ojos y tu soledad se llena de sal y llamas... nombres de antiguos amantes, pienso...yo te observo y observo, como un Ulises voyeur, hasta que por fin te levantas y te aseguras que el agua ha borrado tu caligrafía, y regresas con tus frágiles pies de ave marina desnuda en la brisa...


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Espérame



...se entiende perfectamente lo que solloza el acordeón... no sabes qué duro es este tiempo, chiquitina, pero algún día mudará y entonces tú y yo vamos a vivirlo con ganas... espérame... seremos de nuevo aquella pareja feliz, después de haber sufrido, subido, saltado, caído... espérame... soy un vagabundo que recala en lugares inhóspitos, que mora en nidos ásperos y que huye siempre anhelando un rumbo pródigo... pero espérame... espérame con tu cesta de mimbre, tus manos laboriosas, tu sonrisa, con tus zapatos nuevos y tus claveles en la mejilla... por largo que sea este tiempo, tú espérame... eso solloza...


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Está el aire espeso






...y te preguntas a qué has venido aquí, a esta ciudad que ya no es la tuya... han sido tantos años... y te dices: uno de los dos está muerto, o la ciudad o yo... ¿por dónde anduve, quién fui?... está el aire espeso, y sigue habiendo cuervos en las ramas del viejo parque, y escupitajos en las aceras, pero... pero no entiendes sino las cenizas, y los arañazos en tus recuerdos... nadie me mira, te dices, y si acaso alguien lo hace no reconoce mi cara resurrecta... en este bar bebí carajillos y acaricié los muslos de Lorena tantas veces... aquí había una pensión, en ella dormí sobre una cama crujiente, y escribí desdichas sentado en la mesita junto al ventanuco que daba a la estrecha calle; ahora paso y no está la puerta, y la lluvia ha trabajado mucho, tiene lepra avanzada la fachada mugrienta... y te dices, sí... yo soy un pájaro sobreviviente entre tanto olvido... ¿pero a qué he venido, exactamente?...



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La piel de las nectarinas







...pero sal a la calle y mírala, léela; la misma ciudad tuya de ayer es hoy distinta. Mira bien... en un sólo día crecen cosas, y mueren otras; cambia la piel de las nectarinas en la frutería; la muchacha que te gusta lleva hoy un vestido rojo, ayer blusa crema y tejanos ceñidos; ya no están en el escaparate de Scherzo los zapatos de piel que te gustaban, algo carillos, la verdad; mira el cielo, nuevas nubes esta mañana, borreguillos gris plata... todo nace, crece, cambia se consume y se renueva... la piel, las uñas, los temores, los besos, la sangre... la mirada...

Sal a comprar y vender luz por las aceras, anda...


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Nieves y llamas





...y era como si te buscara desesperadamente, loco por que te le aparecieras desnuda, bella, entre hielos, nieves y llamas; como si bajo el lecho del río se encendiera tu vuelo de paloma perdida, tu pecho de ceniza, que antes había sido cilicio de fuego... así te buscaba, sí...

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Es oscura la madre tierra





...y, aunque con otras palabras, me confesó que ya había vivido demasiado, que había sido interminable su corazón y que ya no quería nada —que a esas alturas ya era más bien quererlo todo—... "...me olvidarán, no quedarán huellas mías en la acera, ni en los escalones que me dejan en la mismica puerta de la iglesia..." ... y me dijo que ya estaba acostumbrada al silencio, que era así como acostumbrarse a olvidar la palabra; al silencio y a la noche... "es oscura la madre tierra, sabe usté"...

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Uvas pasajeras






...con qué prisa camina el reloj, me decías; con qué hambre devora y devora los años, se come los días como si fuesen pequeños racimos de uvas dulces, pasajeras... nadie puede, me decías, detener el agua que escapa, derramada; nadie puede someterla, y huye sin cadenas entre los seres, bajo un sol mero testigo... ¿ves estos campos, estos montes, la ermita...? , decías; pues se quedarán vacíos, y también esas casas, y las madrigueras... y la ciudad que dormita al otro lado de la sierra, también hueca, "Juaquinico"... Y sin orgullo.


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Cuando eras niña








...y me hablaba de vosotros a menudo el abuelo, sobre todo de ti, de cuando eras niña y, en la mañana, bajo el fino y limpio aire volvías, subías a la casa de Los Vives con tu cesta, entre el latir despacioso de la gente que hocicaba en la tierra, con el rumor menudo y bailarín de tus pies de mocica... con tu cesta cargada de milagros, con su leche, el queso, el aceite, las patatas... y la palmerica pa la abuela Engrasia... y los pedazos crueles de la carne, el aroma del pan noble... aquella lucha para que no os comiera el hambre...





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Tus ojos





...pero hasta que no me prestaste tus ojos aquella tarde yo no entendí tus perennes sonrisas; con ellos, con tus ojos prestados, lo pude ver todo tan claro: abejas peinándose la miel, trazos en las uñas del algarrobo, hojas con alas volviendo a la tierra, fuegos acariciando la nieve distante, el alba henchida y redonda como una sandía, el lago en cuyo abismo bucean los astros que deja la noche cuando sale sola a erizar los campos, el trigo limpio pidiendo permiso para nacer, crecer y multiplicarse... y desde entonces sólo anhelo tu mirada; no quiero soñar ya nada sin tus ojos...





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Soledad mía




...como eco de su antigua persona, reencontrándose ya sin aquellos bríos con el sol dios, con la noche ajazminada y rumorosa, con la intimidad de una lluvia repentina, con el alentar pagano de los jardines, con el mar, hermoso como su nombre... y me parece oírle susurrar apagadamente "y te encuentro a ti dándome fuerza y a la vez debilidad, como dan al ave cansada los brazos musculosos de la piedra"... y te encuentro a ti, sí, soledad mía...

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Polvo gris errante




...como eco de su antigua persona, reencontrándose ya sin aquellos bríos con el sol dios, con la noche ajazminada y rumorosa, con la intimidad de una lluvia repentina, con el alentar pagano de los jardines, con el mar, hermoso como su nombre... y me parece oírle susurrar apagadamente "y te encuentro a ti dándome fuerza y a la vez debilidad, como dan al ave cansada los brazos musculosos de la piedra"... y te encuentro a ti, sí, soledad mía...

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6.12.16

Llanto en luz

                                                     

     

Joaquín Marín

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La espera







...dejas pasar el tiempo esperando al poniente morado de la tarde; luego, dejarás de contemplar los rizos del agua estancada y te levantarás, desandarás el camino hasta tu casa pasando por entre los magnolios apáticos de tu calle mientras la luna empieza a crecer por el aire, en un cielo moteado de golondrinas manchándose de sombras... y después, de nuevo el silencio...


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Alguna llama amarilla





..te gusta pasear transitando por el vivir callado de las cosas, cuando se encienden los oros pálidos y se irisan débilmente más allá de los relojes; cuando la paz anida y perdura sonriendo entre las sombras... te gusta dar esos pasos lentos, como besando el suelo, la vereda flanqueada de aromas, brotes vivos, milagrosas formas verdes, alguna llama amarilla... tu alma oscura, entonces, revive primaveras...


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Temblor








...te gustaban los cielos rojos que se abrían a lo lejos, más allá de los olivos y las palmeras; te gustaba el aire en calma, pero también el temblor de los cuerpos, como ramas cuando sopla el viento... te gustaba cerrar los ojos para encontrar la tiniebla primaria y el veneno de las duras sombras, y sentir sobre tus párpados mudos el choque agrio de las aguas huidas de los manantiales, repicando en la membrana de tus remordimientos...





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Los días idos




...pasabas algunas mañanas por aquí y me parecías una estrella expulsada del firmamento, desterrada para siempre del trono de la noche... también me parecías una rosa cortada, vagabunda, desangrándose por las espinas... bah, palabrería vana, eras simplemente una mujer anegada en sombras, llorando entre los aires del parque sus días idos, breves, hermosos todos, pero ya idos... eras ya sólo silencio, quietud de ala partida, débil destello de sol poniente, pétalo desprendido... "un montonico de huesos", decía el del Kiosco Esperanza...

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Abierta bajo la luz








...claro que entiendo ese desgarro tuyo, ese sentir que la vida a veces es veneno sin antídoto, que todo es hachazo, puñal, naufragio, mentira, alarido, herida, una fecha vacía, una huella inútil... claro que entiendo que te envuelvas en sombras, que cierres las ventanas, que borres las sendas que no te llevarán a ninguna parte —eso crees— sino a un eterno laberinto del que no se sale ya nunca más...  te entiendo, pero no es así; hay náufragos que saben aferrarse a un imposible y llegan a tierra firme... y hay ramas en apariencia secas, desaviadas, que de pronto creen en una primavera y retoñan... tú dejarás de ser esa forma perdida, ese tuétano de la tiniebla... tú serás tarde o temprano esa flor cerrada y ciega que se siente malherida en medio de la nada, y te abrirás bajo la luz... 




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A media tarde







...a veces, en el patio a media tarde, en el rincón donde te deja Carmencita, la fiel Carmencita, sentado en la vieja silla de anea, mientras esperas que el sol salte definitivamente la valla y huya hacia su propio abismo de sombras, fijas la mirada en cualquier sitio y te inventas otros mundos, otras vidas, otros cinco minutos de un día de marzo... y entonces eres un tiesto sostenido por un hierro mordido, anegado de agua potable, y de tu vientre emergen besos carnosos, verdes, con sabor a cálida menta de estrella; suaves como mariposas nocturnas... y tú entero te derramas y navegas por ti mismo en caída libre, y te saboreas, y te invades, y sueñas con violines que te acaricien los oídos y te liberen de la cruel soledad de la media tarde... hasta que regrese Carmencita...




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El alma cerrada







...y hoy te has mirado al espejo, y "yo soy ahora esa flor triste" es lo que has pensado, y no has podido huir de la luna de azogue, porque el espejo no te presta ala alguna, sino arenas movedizas...  "¿yo fui triste?", preguntan tus ojos atónitos, intentando descubrir luz en la ceguedad de tu rostro desplomado... y nadie contesta, nadie responde a tu pregunta, excepto esa mirada tuya en la que tu soledad se multiplica por toda la tristeza del mundo para convertirse en tiniebla... te crees dormida, pero si aprietas los ojos para huir de la sombra, para despertar y encontrar fragmentos de aurora, sientes la fatiga del sinremedio, las balas de la realidad hendidas en la nieve de tu alma cerrada...


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Pioggia






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..a veces viene a tu casa así, como esta noche, sin avisar; y golpea los cristales con furia, porque no tiene plumas en sus sentimientos, sino furor de ola brusca... no es como tú... ella devasta los cielos, anega a los pájaros y hace llorar a las vastas sombras... a veces, ya digo, viene a tu casa y te obliga a salir al porche y a oler a rama descarnada, y a raíz arrancada y desaviada... y tú, venciendo tu miedo al relámpago y al trueno más que a la soledad, saboreas despaciosamente tu capuchino con labios temblorosos, como diciendo "mi piace guardare la pioggia"...






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Azul moribundo






...y, como yo, te enredas tú en esta hora de color azul moribundo; y se hace jirones tu falda entre las ramas justicieras; y te despeinas entre gusanicos de luz, que tú —siempre tan fina y señorita— llamas luciérnagas y dices que son estrellas humildes y rastreras... y sientes que la noche acude y te picotea; mete su pico curvo entre tus vísceras como anhelando desesperadamente el grano de tus secretos para llenar con él el buche nunca saciado de sus crías... y como tú, me enredo yo, viajero descalzo entre pinares que no me conducen a ninguna parte... y también me enredo buscando la mano de las doncellas de la amanecida, que juegan tan bien al escondite que nunca, nunca, las encuentro... siempre en vano...



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Bajo palio





...cierras la casa, buscas compañía y sales a andar, sencillo ejercicio... y te olvidas del polvo sobre la tapa del piano, de los jarrones y las cortinas, las llaves sobre la cómoda y el reloj de pared, de monotonía tan eterna... y hablas, cuentas, refieres, atiendes, escuchas, ríes... gavilanes que huyeron, suaves manos, pechos, goterones de furia, temblores dulces, manzanas y serpientes, ojos, fuego, silencios, tormentas, muchos besos y ni uno solo en la despedida... y te sientes divina, volviendo a casa bajo palio...
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Bodegón con ausencias





..no lo sabéis, pero detrás de vosotros hay un hombre perdido en mitad de la calle, desorientado... las nubes de enero, desde el sótano de los cielos acuden a su entorno, le persiguen, prosiguen su cacería implacable... él ya no ve el ojo del dragón, ya no oye la voz del cuco ni el tañido de bronce de los campanarios; ya no descifra las direcciones nebulosas de la brújula... pero en la hierba del parque quedaron sus huellas tras tantas antiguas lluvias de silencios y pavesas del miedo... a veces le azotan los vientos que barren la calzada, pero ninguno de ellos quiere ser para él brisa suave y contarle historias al oído, susurrarle palabras primaverales que derriben el semáforo en rojo de su horizonte, ni sus duros muros de pedernal fiero, que le han cerrado el paso... en mitad de la calle hay un ser perdido, enraizado bajo las hojas secas que cayeron sobre el asfalto... pero no lo sabéis...


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Un metal hueco y frío





...y su cara me recordó la tuya, la tuya aquella tarde en que me confesabas que vivir era cruel, que no creías ya ni en el sol ni en los silencios de las iglesias... ojos perdidos, desprendidos, y en su lugar un metal hueco y frío, disponible ya para futuros espantos... ella —como tú muchos años antes— caminaba por el parque atravesándolo como si una aguja lenta fuera, con una parsimonia tenaz y con una tristeza de coágulo de sangre, que tensa el corazón y le impide latir... lenta, sí, pasó junto a mí, maniatada y como sintiendo que ya nada podría perdonarse... salvarse...

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Mundos






...diariamente te levantas e inventas mundos, el real no te interesa ya; pones el oído atento a la circulación de la lírica por tus arterias, por las venas del parque, por la sendas del cielo gris... transita una modesta vida por las calles... un señor con bigote abre su comercio —Modas Luisa, Rebajas— , frena una furgoneta azul turquesa, un jardinero municipal poda ramas de un ficus benjamina, un cartero arrastra su carrito amarillo... pasan dos caballos esbeltos, veloces, pura raza ambos, vestidos de bicicletas de airosas crines... inventas mundos, ya digo...


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Esos silencio que duelen







...pero claro que te entiendo, amiga; yo también me levanto un día y en el espejo no veo mi rostro, sino un oleaje mustio de sangre que apenas quema la piel, un goteo triste de miel que ya no es inmortal, y ni siquiera miel... pero claro que te entiendo, amiga; esos ojos desvelados que empiezan a sentirse con el agua hasta el cuello de las pupilas; esos silencios que duelen tanto por eso, por ser silencio, ser ya silencio siempre, siempre... ocho letras juntas que no dicen nada... silencio... prueba esto: rompe el espejo y siembra el alféizar de semillas, y espera... los cielos no están vacíos...




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La peonza



...vale, juegas a veces a ser ese niño que fuiste, y más de una hora larga llevas esta tarde con tu peonza, viendo tus torpes movimientos, pensando desde fuera de ti mismo las ideas que después farfullarás martilleando cualquier teclado... fatiga pensarse mientras se mira uno y se desdobla; tortura enniñecerse con mirada de viejo, es cierto...

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Vida






...la nieve se hizo agua, y habitó entre nosotros, e hizo de aquella tarde de invierno un esqueleto de primavera, con su clamor de flores en la frente y rumores de abeja en cada oquedad; un esqueleto como de fugaces pómulos rosados, como de pecho sutil y soledad alada... sí, eso hizo, y, si nos fijábamos bien, en el valle del vientre y en el arroyuelo de la pierna había vida...


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El aguacero de las tristezas






Da igual. Podré asomarme al espejo y no ver océanos, ni caballos atravesando la neblina al galope, buscando el sol. Podré recortar mi barba color cebada bajo el aguacero de las tristezas. Podré asistir a mi propio martirio con los ojos del loco de la colina, y sacudir la caspa de mis días como quien espanta pececillos muertos, que el tiempo arrojó a la playa de los abandonos. Podré lamentar ese tren que pasó bajo la tempestad cuando yo no podía despegar los pies del andén. Y maldecir el día en que escogí las efímeras flores, que no tienen apellido, en vez de las raíces, que duran todos los inviernos y se tatúan perennemente a la piel del subsuelo, a la tierra firme. Da igual. No importa, porque sé que media sonrisa tuya bastará para sanarme.


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Él







...ahora no, pero hubo un tiempo en el que andabas a su lado, y te sentías más cercana a él que a tus propios sentidos, y a él le hablabas con palabras armadas de luz, que él bebía, y respiraba... Inclinabas hacia él tu cintura, la cascada de tu pelo largo, de oscura seda... y de cada tarde gris él trenzaba horas de color, y te trenzaba entera hasta convertirte en arcoiris...

...ahora no... ahora fumas tristeza negra sentada junto al lago, con la mirada perdida, calcinada ya la ceniza de tu memoria, mientras unos patos, juegan a ser metáfora de tu deriva...



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Palabras






...diciembre, llovizna, cruce, martes, hora, anónimo, superficie, tránsito, signo, reflejo, huella, pliegue, cicatriz, arruga, piel, río, cansancio, sueño... ahí tienes unas palabras, cuéntate con ellas la historia...

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Restas





Yo creo que más de tres o cuatro días seguidos no había faltado la mujer nunca, hasta ahora. Que yo sepa. Salvo, quizás, algunas de esas escasas rachas de días lluviosos o de mucho frío, no podría afirmarlo a ciencia cierta. Es —no quiero decir era, por dios— como yo: habitual. A eso de media mañana, hala, paseíto y a chafar la piedra del banco, siempre este banco, y siempre este jardín. Unos días, los más, llegaba yo la primera; otros, los menos, se me adelantaba. Y hala, a hablar de esas cosas de las que hablan las jubiladas, las viudas...
Yo creo que más de tres o cuatro días seguidos no había faltado la mujer nunca...
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