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Orihuela, Alicante, Spain

6.12.16

Llanto en luz

                                                     

     

Joaquín Marín

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A media tarde







...a veces, en el patio a media tarde, en el rincón donde te deja Carmencita, la fiel Carmencita, sentado en la vieja silla de anea, mientras esperas que el sol salte definitivamente la valla y huya hacia su propio abismo de sombras, fijas la mirada en cualquier sitio y te inventas otros mundos, otras vidas, otros cinco minutos de un día de marzo... y entonces eres un tiesto sostenido por un hierro mordido, anegado de agua potable, y de tu vientre emergen besos carnosos, verdes, con sabor a cálida menta de estrella; suaves como mariposas nocturnas... y tú entero te derramas y navegas por ti mismo en caída libre, y te saboreas, y te invades, y sueñas con violines que te acaricien los oídos y te liberen de la cruel soledad de la media tarde... hasta que regrese Carmencita...




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El alma cerrada







...y hoy te has mirado al espejo, y "yo soy ahora esa flor triste" es lo que has pensado, y no has podido huir de la luna de azogue, porque el espejo no te presta ala alguna, sino arenas movedizas...  "¿yo fui triste?", preguntan tus ojos atónitos, intentando descubrir luz en la ceguedad de tu rostro desplomado... y nadie contesta, nadie responde a tu pregunta, excepto esa mirada tuya en la que tu soledad se multiplica por toda la tristeza del mundo para convertirse en tiniebla... te crees dormida, pero si aprietas los ojos para huir de la sombra, para despertar y encontrar fragmentos de aurora, sientes la fatiga del sinremedio, las balas de la realidad hendidas en la nieve de tu alma cerrada...


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Pioggia






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..a veces viene a tu casa así, como esta noche, sin avisar; y golpea los cristales con furia, porque no tiene plumas en sus sentimientos, sino furor de ola brusca... no es como tú... ella devasta los cielos, anega a los pájaros y hace llorar a las vastas sombras... a veces, ya digo, viene a tu casa y te obliga a salir al porche y a oler a rama descarnada, y a raíz arrancada y desaviada... y tú, venciendo tu miedo al relámpago y al trueno más que a la soledad, saboreas despaciosamente tu capuchino con labios temblorosos, como diciendo "mi piace guardare la pioggia"...






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Azul moribundo






...y, como yo, te enredas tú en esta hora de color azul moribundo; y se hace jirones tu falda entre las ramas justicieras; y te despeinas entre gusanicos de luz, que tú —siempre tan fina y señorita— llamas luciérnagas y dices que son estrellas humildes y rastreras... y sientes que la noche acude y te picotea; mete su pico curvo entre tus vísceras como anhelando desesperadamente el grano de tus secretos para llenar con él el buche nunca saciado de sus crías... y como tú, me enredo yo, viajero descalzo entre pinares que no me conducen a ninguna parte... y también me enredo buscando la mano de las doncellas de la amanecida, que juegan tan bien al escondite que nunca, nunca, las encuentro... siempre en vano...



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Bajo palio





...cierras la casa, buscas compañía y sales a andar, sencillo ejercicio... y te olvidas del polvo sobre la tapa del piano, de los jarrones y las cortinas, las llaves sobre la cómoda y el reloj de pared, de monotonía tan eterna... y hablas, cuentas, refieres, atiendes, escuchas, ríes... gavilanes que huyeron, suaves manos, pechos, goterones de furia, temblores dulces, manzanas y serpientes, ojos, fuego, silencios, tormentas, muchos besos y ni uno solo en la despedida... y te sientes divina, volviendo a casa bajo palio...
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Bodegón con ausencias





..no lo sabéis, pero detrás de vosotros hay un hombre perdido en mitad de la calle, desorientado... las nubes de enero, desde el sótano de los cielos acuden a su entorno, le persiguen, prosiguen su cacería implacable... él ya no ve el ojo del dragón, ya no oye la voz del cuco ni el tañido de bronce de los campanarios; ya no descifra las direcciones nebulosas de la brújula... pero en la hierba del parque quedaron sus huellas tras tantas antiguas lluvias de silencios y pavesas del miedo... a veces le azotan los vientos que barren la calzada, pero ninguno de ellos quiere ser para él brisa suave y contarle historias al oído, susurrarle palabras primaverales que derriben el semáforo en rojo de su horizonte, ni sus duros muros de pedernal fiero, que le han cerrado el paso... en mitad de la calle hay un ser perdido, enraizado bajo las hojas secas que cayeron sobre el asfalto... pero no lo sabéis...


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Un metal hueco y frío





...y su cara me recordó la tuya, la tuya aquella tarde en que me confesabas que vivir era cruel, que no creías ya ni en el sol ni en los silencios de las iglesias... ojos perdidos, desprendidos, y en su lugar un metal hueco y frío, disponible ya para futuros espantos... ella —como tú muchos años antes— caminaba por el parque atravesándolo como si una aguja lenta fuera, con una parsimonia tenaz y con una tristeza de coágulo de sangre, que tensa el corazón y le impide latir... lenta, sí, pasó junto a mí, maniatada y como sintiendo que ya nada podría perdonarse... salvarse...

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Mundos






...diariamente te levantas e inventas mundos, el real no te interesa ya; pones el oído atento a la circulación de la lírica por tus arterias, por las venas del parque, por la sendas del cielo gris... transita una modesta vida por las calles... un señor con bigote abre su comercio —Modas Luisa, Rebajas— , frena una furgoneta azul turquesa, un jardinero municipal poda ramas de un ficus benjamina, un cartero arrastra su carrito amarillo... pasan dos caballos esbeltos, veloces, pura raza ambos, vestidos de bicicletas de airosas crines... inventas mundos, ya digo...


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Esos silencio que duelen







...pero claro que te entiendo, amiga; yo también me levanto un día y en el espejo no veo mi rostro, sino un oleaje mustio de sangre que apenas quema la piel, un goteo triste de miel que ya no es inmortal, y ni siquiera miel... pero claro que te entiendo, amiga; esos ojos desvelados que empiezan a sentirse con el agua hasta el cuello de las pupilas; esos silencios que duelen tanto por eso, por ser silencio, ser ya silencio siempre, siempre... ocho letras juntas que no dicen nada... silencio... prueba esto: rompe el espejo y siembra el alféizar de semillas, y espera... los cielos no están vacíos...




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La peonza



...vale, juegas a veces a ser ese niño que fuiste, y más de una hora larga llevas esta tarde con tu peonza, viendo tus torpes movimientos, pensando desde fuera de ti mismo las ideas que después farfullarás martilleando cualquier teclado... fatiga pensarse mientras se mira uno y se desdobla; tortura enniñecerse con mirada de viejo, es cierto...

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Vida






...la nieve se hizo agua, y habitó entre nosotros, e hizo de aquella tarde de invierno un esqueleto de primavera, con su clamor de flores en la frente y rumores de abeja en cada oquedad; un esqueleto como de fugaces pómulos rosados, como de pecho sutil y soledad alada... sí, eso hizo, y, si nos fijábamos bien, en el valle del vientre y en el arroyuelo de la pierna había vida...


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El aguacero de las tristezas






Da igual. Podré asomarme al espejo y no ver océanos, ni caballos atravesando la neblina al galope, buscando el sol. Podré recortar mi barba color cebada bajo el aguacero de las tristezas. Podré asistir a mi propio martirio con los ojos del loco de la colina, y sacudir la caspa de mis días como quien espanta pececillos muertos, que el tiempo arrojó a la playa de los abandonos. Podré lamentar ese tren que pasó bajo la tempestad cuando yo no podía despegar los pies del andén. Y maldecir el día en que escogí las efímeras flores, que no tienen apellido, en vez de las raíces, que duran todos los inviernos y se tatúan perennemente a la piel del subsuelo, a la tierra firme. Da igual. No importa, porque sé que media sonrisa tuya bastará para sanarme.


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Él







...ahora no, pero hubo un tiempo en el que andabas a su lado, y te sentías más cercana a él que a tus propios sentidos, y a él le hablabas con palabras armadas de luz, que él bebía, y respiraba... Inclinabas hacia él tu cintura, la cascada de tu pelo largo, de oscura seda... y de cada tarde gris él trenzaba horas de color, y te trenzaba entera hasta convertirte en arcoiris...

...ahora no... ahora fumas tristeza negra sentada junto al lago, con la mirada perdida, calcinada ya la ceniza de tu memoria, mientras unos patos, juegan a ser metáfora de tu deriva...



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Palabras






...diciembre, llovizna, cruce, martes, hora, anónimo, superficie, tránsito, signo, reflejo, huella, pliegue, cicatriz, arruga, piel, río, cansancio, sueño... ahí tienes unas palabras, cuéntate con ellas la historia...

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Restas





Yo creo que más de tres o cuatro días seguidos no había faltado la mujer nunca, hasta ahora. Que yo sepa. Salvo, quizás, algunas de esas escasas rachas de días lluviosos o de mucho frío, no podría afirmarlo a ciencia cierta. Es —no quiero decir era, por dios— como yo: habitual. A eso de media mañana, hala, paseíto y a chafar la piedra del banco, siempre este banco, y siempre este jardín. Unos días, los más, llegaba yo la primera; otros, los menos, se me adelantaba. Y hala, a hablar de esas cosas de las que hablan las jubiladas, las viudas...
Yo creo que más de tres o cuatro días seguidos no había faltado la mujer nunca...
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10.10.16

En esta sagrada hora del día.






Joaquín Marín
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Ferralla







...hoy has echado para el casco viejo, evitando eso sí las calles más transitadas... pareces otra desde que tu Isabel te regalara la bici obligándote a jubilar la vieja ferralla, que mira que aguantó... al pasar por el Carrer dels Mestres te has acordado de tu padre, pobret, y te ha entrado la pájara de la ternura, de la nostalgia... has dejado la cabra plateada a la vista en la esquina, apoyada contra la pared y has entrado en el bar, un garito pequeño, de aspecto antiguo y a la vez acogedor... te has acordado del pare, ya digo...

— ¿Me pones un rebentat?

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Seda lenta




...hoy te miro, y me pareces una estatua de lluvia, un viejecillo de peluche con nervios azules y pensamiento de arena; como un rey vencido, cansado, que solo guarda tesoros perdidos... hoy te miro, asomado tú a todos los pies que huyen y se alejan de tus ojos... ojos y pies negros y llagados, que se ponen a dormir y eso es todo... te miro, y te veo llorar caricias de seda lenta, ya sólo soñadas, respirar sollozos que escapan hacia la lejanía... voy a dejar de mirarte, soledad...




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Como ave rota





...la luz se tornaba lívida aquella tarde, y atravesaba los muros de cristal de la ciudad, alargaba las sombras de los transeúntes, mecía la tristeza de los rosales... y vestía de oro pálido tus lágrimas... tú mirabas, y todo te parecía ya un tiempo vivido, que volaba como un ave rota, llegada de otro siglo...


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A pique




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..y sigues, no sabes adónde te lleva el camino, qué hay más allá de esa línea oscura en la que se está convirtiendo el horizonte... y tienes hambre, y tu corazón se va desovillando en medio de un paisaje sin alas, sin cobijo, sin otros náufragos como tú, a quienes dirigir alguna mirada, algunas palabras, aunque fuesen ya gastadas, o falsas, de bisutería... y perseveras... como si fueras el capitán de un barco ya a pique y que nunca abandonarás... a pique, sí, un barco abandonado a su suerte, ahogándose en un desierto sin coordenadas ni rosas de los vientos... sin papeles, sin vida...




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Seda





...y cuando avanzaba la tarde anunciando noche, sentí que avanzaba el mar como el amor de un cuerpo, como la vida, cansada, castigada, y encontraba ternura en otro cuerpo, que era la playa... todo manos deslumbradas, sedosamente humanas...



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Los rincones del olvido






...y una tras otra caerán al suelo heridas, secas, muertas; y el viento las arrastrará a los rincones del olvido... entonces tú buscarás una rebeca, porque sentirás frío mientras se te acerca la noche...


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A cada paso




...él salía a la calle después de haber mirado en el espejo su rostro y verlo alejarse de la juventud un poco más cada día; ponía, ya en la acera, atención a la circulación de la poesía por la ciudad y por sus venas... mucha atención, los cinco sentidos... y hacía versos a cada paso, sin escribir ni una palabra... su libro aún no está cerrado del todo...

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Huesos de otoño




...dejaste atrás la casa. Todo. No salvaste ni el sombrero, ni el atizador, ni tu mejor chaqueta, colgada detrás de la puerta quedó; ni tu cuaderno de tapas duras de color azul... y dejaste atrás, definitivamente, tu infancia y tu mocedad, la trompa, el caballito de madera, la tortuga de tierra, el olor a romero del cabello de la Mari, cuando se bañaba en la alberca... ah, y Bruno, el perro guardián, ni mirarlo por última vez pudiste, ni quisiste... Todo. Y en el río ya no se escuchó tu risa, ni en el aire respiraron tus palabras, ni corrió el viento en pos de tu espalda... ni trajinaste jamás en el pequeño huerto... la Mari sí sigue aún por aquí, pero no huele a romero; ya no se baña en la alberca... huele a huesos de otoño...


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Silencios hondos




...se sentaban ahí, en ese banco; él, a través de las gruesas lentes, leía entre líneas en la remansada corriente; ella, aquella persona pequeñita y bondadosa, leía a veces una de esas revistas "de luxe" que le compraba Yaiza, la nieta mayor; otras veces, tejía bufandas para Elenita, la benjamina... Hablaban poco, él tenía la lengua marchita, y ella era perita en silencios largos y hondos... pero muchas veces se cogían de la mano, cerraban ambos los ojos, y se dejaban acariciar los párpados por los últimos rayos de ese sol manso de las atardecidas... Yaiza, la nieta mayor, me dijo un día que los vio abrazados, en la cocina, junto a la panera... y que escuchó perfectamente las palabras que, salvando el obstáculo de la lengua marchita, pronunció el abuelo enlazando sus ojos miopes con la mirada pacífica de la mujer: "qué duro me sería, sin ti, llegar hasta la muerte..."


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Ortografía




...con los pies descalzos y tu alma de niño comenzaste a escribir tu vida en esta calle, peldaño a peldaño ... hoy camino yo, recordándote, sobre tu sangre escrita, una sangre sin pecado, una caligrafía en la que gravita ya sólo la paz y el silencio y ya no aquellos niños, que, como tú, fueron despertados a tiros de la infancia, apartados de ella... sé, estoy seguro, que hoy has notado el tibio rumor de mis pies descalzos cargando mi alma de niño calle arriba, río arriba, como el pez que vuelve a su origen...


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Epílogo




…mientras te espero inútilmente vienen fantasmas a poblarme, con sus ojos saciados de otoño, casi ya muerte… se acercan dilatando la ribera, poblándolas de hojas secas, que ellos llaman lágrimas de los ocasos… entonces yo abro los brazos de par en par, las puertas y las ventanas a todos esos años que he malgastado, y perdido… y la noche cierra los hierros de su verja, y apoya su mano en mi hombro, húmeda como niebla…
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Tu pie izquierdo




...y, camino del podólogo —tienes cita a las doce y cuarto— caminas por la acera; te duele el empeine de tu pie izquierdo más que ayer, y más que la semana pasada... al pasar por el kiosco, ves en la portada de un diario una gran fotografía, aparece en ella la cabeza de un negro caído en la acera junto a la bota de un policía y, así, como quien no quiere la cosa, te vienen a la mente palabras de Manrique, ríos que van morir al mar: cuán presto se va el placer, y demás... luego, ya cerca de la esquina por la que has de girar arrastrando el pie, recuerdas moderadamente a una antigua novia que tuviste allá arriba, por Torrelavega, cuán presto se va el placer, es verdad... y, por fin, silbando una cancioncilla de Kiko Veneno, llamas al timbre... Entresuelo D...


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En esta sagrada hora del día




...y asomó a la ventana su roja soledad, y rojo era también el horizonte, lleno de claveles reventones enardecidos; y roja la quietud, los pálpitos del cielo... púrpuras las entrañas, sangrío el pecho del primer pájaro de la mañana, que posado en la rama del tilo rompía en los vientos la copa de su rojiza amanecida... 

...y sin abrir la boca pidió a lo imposible unas alas también rojas, para huir hacia allá, hacia detrás de las nubes cálidas, donde tal vez se alimenten los corazones de anaranjados sueños, de blancas uvas... de ternuras...

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8.8.16

Restos del naufragio





Joaquín Marín

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Adagio




…mediodía, viernes, Plaça de Santa Caterina… tras el cristal del amplio ventanal de la horchatería, el tío Voro se bebe con la mirada a la chiquilla, escruta sus movimientos, sus gestos, hasta los más mínimos; se fija también en quienes, de vez en cuando, depositan una leve llovizna de monedas en el interior de la funda abierta del violín de su nieta… 

…sorbe despacio y a escondidas una mica de horchata —la millor de tota València, diuen— sin apartar la vista de la Emparín, que vive en la capital y ya no se acerca a Moixent nunca, y que no le ha dirigido la palabra desde hace casi un año, ni siquiera por teléfono… y, con la chufa, intenta tragarse también la pena… eixes fotudes coses de la família i les terres…



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El iglú de tu madrugada





…claro que te entiendo… claro que sé que has amanecido de otoño, que desayunarás café solo y un trozo de ensaimada de nada; que almorzarás puré de hojas secas y hervidito de soledad desangrada… y, a la noche, rescatarás del polvo —del salón en el ángulo oscuro— el violín de tus recuerdos y cenarás engaños y pizzicatos… te mentirás, ma non tropo, diciéndote que cualquier tiempo pasado te fue mejor… y al final de la velada, harás mutis tambaleándote pasillo adelante, ebrio de vino amargo y con la mortaja XL puesta, camino del iglú de tu madrugada… claro que te entiendo: yo sostengo la misma mirada que tú en los espejos…

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Tránsito




Tu vacío, Septiembre, todo lo abarca.

...y sé que a veces notas que te vas gastando, y que sales a la calle porque sí, porque tienes que ir como el agua por entre los surcos de tierra feraz, pero en tu interior sientes como que has muerto, y que tu tumba se encuentra en tu intestino, en tu páncreas o por ahí... y nadie se entera de tu tránsito, tomas un vaso de vino aquí, compras tabaco allá, te encuentras con una mirada extraviada más allá, en la replaceta, una vieja mujer también gastada, o un niño ya con grietas... o peor... encuentras que nadie te mira... igual es que ya no existes...


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Los silencios





...y buscas la sangre choza adentro, revocando la pena, y rebuscas en tu memoria y entre los escombros unas voces nunca olvidadas, también el encanto de los silencios tras los sudores... mientras resbala la tarde, y la otra vida...

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Te llamaré Jueves





...y, sin embargo, amanece un nuevo día; y de un pecho pródigo y sutil brota una luz suave, y unos labios envueltos en brisas de romero besan los pechos de las sierras, y canta un gallo y otro le contesta, y este cielo eléctrico es el palio de tu ausencia... no vendrás hoy a pasear conmigo, porque ya has partido, pero yo, solo y sólo, caminaré soñándote a mi lado, clavándome en las plantas las espinas heladas de las sombras doloridas...


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Pasaje






mirabas… desde la ventana lanzabas tus ojos a la calle, descaro triste de un rocío curioso… ojos cansados ya de ver mundo… mirabas… no tenías asuntos más urgentes, y era otoño… gentes de paso, esos dos ancianos, esa niña de piel oscura con un pañuelo azul en la cabeza, que velaba el carbón de su pelo; esa joven que miraba distraída el escaparate de la ferretería; qué iría pensando ese joven que camina con una carpeta roja en la mano, tal vez cosas que no han de conocer jamás los otros… mirabas… mirabas corriente abajo, como naufragando lentamente… como ave que se pierde en la niebla de la ciudad, para siempre…


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Sin huellas




…rozar esa piel que tienes, que viene contigo, que tiene alas y tiene plumas de seda… no puedo cobijarla como a un pájaro, no nombrarla siquiera porque tiene inesperados giros en la sombra, y huye de mí más allá de las viñas, de los almendros, de las lluvias… huye… y no deja huellas…

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La viuda




...la rosa oscura encierra un vino amargo, un clavel púrpura demente y enardecido... la rosa oscura, en tus manos, es una entraña silenciosa, una materia sin contorno, un sueño tenebroso, sangre de imposible olvido, una copa de dolor, la vida misma...


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Josefina




...pero sabes que él te está esperando y algún día, en el cristal más transparente os miraréis de nuevo hasta emocionaros, y os daréis de nuevo la mano... tú le llevarás esa flor arrancada a la tristeza y él echará, si así lo deseas, sus versos al río, y ya sólo parirá metáforas sobre tu piel —casta y sencilla—, y sólo multiplicará los panes y los peces en ti, morena; y de estas sombras presentes renacerá la generosa claridad del alba...

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Piel rozada




...no sé qué cazaba aquella chica; desde luego pokemons no, se le veía inteligente... pero no sé qué realidades inexistentes, por qué hurgaba en las arrugas de la casa, qué espumas perseguía en el mar de piedras y argamasa, aquella inhumana piel de la fachada... y allí seguía, retorciendo su cuerpo y su mirada, removiendo las vísceras del tiempo en los pliegues perdidos, restañando tal vez las cicatrices de antiguos besos, haciendo racimos con las alegrías que aún parpadean, o con la piel rozada, las heridas...


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El visitante




...reconozco la silueta. Eres tú. Sé que vuelves a veces a revivir tus sueños de niñez, errantes y abatidos en la penumbra, y a oler la casa en sombra después de tanto tiempo... a ver si sigue trepando el muro tu jazminero, olvidándote de tanto ciprés y tanto destierro...

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El cuadro






...y algunas tardes, cuando ya sangra el horizonte, vuelvo a tu paisaje, y transito el áspero asfalto por el que se desgastaron tus abarcas, por el que asomaron finalmente tus huesos de vagabundo preso en el paisaje... y, aunque ya no estás, yo respiro el sudor del páramo, la savia reseca de los montes... y te desentierro, y te recupero...

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Semilla



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..se enciende entonces esa luz montaraz, y se desasosiega el cielo; luz de baja planicie, que alumbra el pulmón árido al aire fresco de la noche... y la pequeña ciudad se entrega a campo abierto, como tierra abierta a la semilla y a la acequia...



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Para alimentar tu sonrisa









...pero si me reencarno en gato volveré a tu tejado, y arañaré la pequeña ventana de tu alcoba, Aisha, y te maullaré versos felinos para decirte que tu tierra y tú sois bellas, que tu leve reja es ideal para el amor nocturno, cuando el cielo está denso y negro, y la luna camina a ritmo lento, apresada en la telaraña de las sombras... sí, volveré para despertarte al alba, a encender con la llama de tus ojos la mañana y provocar el vocerío de las primeras aves, de los surtidores y de tu corazón de cautiva sin causa... y cazaré para ti animales, sin hacerles derramar sangre, porque lloras siempre que alguien sufre... o, si lo prefieres, te traeré racimos y semillas para alimentar tu sonrisa, que rima contigo, Aisha...



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...Pero sin ti...





...queda el cántaro, pero sin ti, que eras el agua, no sé calmar mi sed; sin ti, que eras el aire, ni a respirar acierto... sé que queda el mundo entero ahí afuera, pero, sin ti, no me interesa nada más allá de la reja, más allá del jardín...

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Pez en fuga






...dame, a trueque, esa mirada tuya de buganvilla de fuego, esa sonrisa tuya de carmín encendido, de nata de jazmín... y quédate con mi miedo a resbalar de nuevo, con este temblor ahogado de pez en fuga...


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18.6.16

Gama de grises




Joaquín Marín


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Como nubes errantes




...¿y a qué has venido ahora, con ese encanto descarado?... ¿qué te ha traído a esta pequeña alcoba con vistas al mar, que es el morir?... Vienes a lacerarnos, ¿lo sabes? Estábamos ya muy tranquilos los mayores, y llegas tú a herirnos, a remover sueños imposibles, tumbas del tiempo perdido... Con ondulaciones de depredadora falsamente inocente, con tu voz rosada, tus pechos de brasas y tus nalgas irreverentes; con pequeños pasos, cimbreando levemente tus muslos, te has acercado a la ventana y has descorrido la cortina y las mechas lacias que enmarañaban tu frente... y estás mirando afuera, más allá... bestezuela infantil... y nos ves como nubes errantes... ya como si nada... a nosotros ya no nos sigue nadie; a ti, aún los perros, y los hombres... todas las miradas... Y hasta ese sol que besa tus labios en cuanto amaneces...


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Deshilachado





...igual que las nubes del crepúsculo a beberse la luz del horizonte, aquel hombre, que eras tú o tal vez yo, se acercó a la orilla a beberse sus pisadas de náufrago, sus huellas turbias en la arena de Calblanque... de un trago... y galopó luego en las sombras como caballo oscuro, sin bridas... dejando en el viento un trozo de amor deshilachado, y el olor de las espumas imposibles...


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Rosa oscura






...y ahora piensas en sus últimas palabras, en sus últimas miradas, de ojos tan vencidos, tan cansados... y ahora reconoces que ardía el bosque, cercándole, y las zarpas de las nubes de otoño proseguían su cacería, cebándose en sus huesos, nublando su celda... tantas lágrimas has llovido, viuda suya, tanta pavesa sola en la que fue vuestra hoguera... Ya. Ya sé que no es consuelo que en la hierba aún quede la huella de su pie desnudo, transitando hacia las falsas memorias...


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Asfalto






...asientes cuando, después de dejarte unas monedas en el bacinillo, te pido permiso, y entonces retrocedo unos pasos, encuadro y congelo una mirada que interroga... "a qué sabe la vida de un tipo desocupado que se lleva una cámara a los ojos y se asoma al valle urbano de los caídos..."


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Mocica




...y me hablaba de vosotros a menudo el abuelo, sobre todo de ti, de cuando eras niña y, en la mañana, bajo el fino y limpio aire volvías, subías a la casa de Los Vives con tu cesta, entre el latir despacioso de la gente que hocicaba en la tierra, con el rumor menudo y bailarín de tus pies de mocica... con tu cesta cargada de milagros, con su leche, el queso, el aceite, las patatas... y la palmerica pa la abuela Engrasia... y los pedazos crueles de la carne, el aroma del pan noble... aquella lucha para que no os comiera el hambre...


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La espera





...y si a alguien espero ya a estas alturas es sólo a ti, que te sientes vagabunda de las Letras; que ansías compartir el pan con el mendigo y conmigo; que tomas desnuda el sol, tendida sobre la tierra muda y húmeda... a ti, que acaricias la guitarra con los ojos cerrados y todos los poros de tu piel abiertos al mundo; a ti, paridora de versos que no ansían el Parnaso; que sólo tienes verdades sencillas a flor de labio... y siempre...


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Lecho de agujas





...tú no la trabajas, pero amas la tierra, la amas como aquellos adultos que conocías en tu infancia, cumpliendo la ley ciega del corazón de los huertanos... y sabes que llorarás de amor por ella algún día... ahora, en esta tarde, estás viendo caer la luz en las acequias, en los azahares, en las corregüelas del huerto dormido... y ves a los gafarrones retirarse a su lecho de agujas, en la pinada, reteniendo sus alas en el oleaje vegetal, inventado por la brisa... tú no la trabajas, pero en esta tierra, ahora yerma, están tus sueños de niñez enraizados, y el amor en penumbra de los abuelos, de tus padres... ha sobrevivido el ciprés, no los rosales, ni el jazmín... huele a elegía...


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Piedrecitas vivas






...al final le compraste una pulserita, pero muy al final; estuviste largo rato antes mirando la escena, aquel ensimismamiento del muchacho, él a su labor y tú a tus caladas nerviosas, a la fruición de tus labios, también de tus ojos... te conozco tanto, mujer... sé que aunque el tiempo te destruyó tantos príncipes, conservas en las inmensas salas de tus recuerdos un joven muerto, aquel Salvatore veneciano que calmara una vez el sufrimiento que punzaba tu piel, un joven que también labraba y engarzaba piedrecitas vivas, como éste... noche en Venecia va para quince años... qué lejos, piensas mientras te enredas en las rastas del artesano, que seguro que no se llama Salvatore, y que puede ser más bien de Villarrobledo, de Castalla o de Vitigudino, quién sabe... y cuando tiras al suelo la colilla, manchada de ese carmín fogoso tan tuyo, das unos pasos, te acercas al pequeño tenderete y —por los viejos tiempos— gastas unos euros... y te colocas la pulserita como queriendo acariciar tu carne con un reflejo de luz dulce... y veneciana...

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Andante





...claro que te entiendo: naces, creces, te multiplicas y... un día intuyes la caediza carrera de las hojas del calendario, la ráfaga que arrastra la hojarasca a su último crepúsculo, la dádiva envenenada de soledad que te ofrece un dios inexorable... y el sollozo retenido antaño deja de ser viril y se hace pulpa tierna, scherzo oscuro que transita apagadamente, y descalzo, hacia la nieve, tal vez hacia el fuego...

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I tant





…e incluso transitando por las calles de la ciudad, sintiéndote ya menos corza alegre y más paquiderma en ciernes, te ríes de ti misma y te refugias en aquella infancia que tienes sobre la sangre escrita… revives, sonriendo, tus albores, tu alma de niña sin pecado concebida, antes de ser despertada bruscamente, a tiros, por una adolescencia dura, difícil, eterna… y rememoras, ya sin temblor de pierna ni de voz quebrada, aquellas caída al abismo, aquellos errores que sólo reparó el transcurrir de la vida, aquellas “dentelladas secas y calientes”… hoy, fuerte y redimida, te he visto pasear por el casco viejo, y pararte ante un escaparate, y echarle el ojo a un echarpe que, seguro, te combinará muy bien… porque sé que vas a entrar a comprártelo… i tant, dona… 

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